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ARTÍCULOS SOBRE MARIO







MARIO SOTO por Myriam Goluboff

Me han pedido que escriba un artículo sobre la obra de Mario Soto. La razón de ser deriva del lugar que ocupé en el universo de Mario. Lo conocí en 1955, cuando fui alumna de tercer año en él taller del Arq. Poyard, en el edificio de Perú y Moreno, en la manzana de las luces. Luego, compartí docencia  en primer año, en el edificio de la calle Independencia, también en la cátedra del arq. Poyard. y, por fin, fue profesor mío en el taller de Borthagaray, otra vez en la manzana de las luces, cuando mi último curso de proyectos. Para entonces, nuestras vidas se habían entrecruzado: yo trabajaba en el estudio que él tenía con Raúl (Pussy) Rivarola en la calle Oro, cuando se estaban desarrollando los planos del Hotel del Instituto de Previsión Social de Posadas, luego seguí colaborando con ellos cuando se mudaron a lo que fue estudio y vivienda de Mario en Anchorena y Juncal, fui docente en su taller de la Fac de Buenos Aires en las Naves de Retiro y, en el de La Plata y, con el tiempo, llegamos a convivir, a criar a nuestro hijo Pablo, primero en Buenos Aries y desde que tenía un año en La Coruña, ciudad-puerto de Galicia, al NO de España, hasta los ocho, cuando una leucemia y las secuelas del tratamiento, nos lo robaron, en un mes, a los cincuenta y cuatro años.

Antes de hacer un viaje por algunas obras de Mario, vamos a ver cómo llega a la arquitectura. Nació el 13 de Septiembre de 1928, en Buenos Aires. Vivió con sus padres y su abuelo materno en la calle Arenales y Rodríguez Peña. Esa trama cuadriculada, con sus árboles en las veredas, las ventanas de su casa dando a dos calles, era el sustrato sobre el que se desarrollaba la vida de Mario, que subía hasta el 3er. Piso, en un ascensor de asiento de madera y verjas de hierro. Su padre tenía, abajo, en la esquina, su almacén, donde surtía de exquisiteces a las señoras de clase alta del barrio. .El abuelo fue un personaje importante en su vida, de mente abierta, algo “anarco”, salía con el nieto y lo llevaba a sentar en los bares; ahí le contaba sus experiencias de juventud, y le hablaba de tierras lejanas y extraños paisajes.

A sus cuatro años pasó casi doce meses en la casa de sus abuelos paternos, en las afueras de Ribadeo, villa que está del lado gallego de la Ría del Eo, en la desembocadura del río del mismo nombre, en el límite de la provincia gallega de Lugo con Asturias. Allí vivía la hermana que quedó en la casa cuando todos sus hermanos, que luego le cedieron sus derechos, emigraron a Buenos Aires, escapando del reclutamiento para la guerra de África. y en busca de una vida mejor.

 En ese lugar, Mario tuvo una experiencia espacial totalmente distinta que la de Buenos Aires. Los bosques, la casa, el hórreo, construcción típica gallega donde se guardaba el maíz, (pequeña o no tan pequeña caseta a dos aguas, de piedra o madera, totalmente ventilada, sobre columnas que la preservan de los roedores) el alpendre (galpón abierto en por una de sus caras longitudinales) bajo el que se estibaba  la hierba para el ganado, las casas dispersas, el horno donde se cocía el pan cada semana. Árboles, vacas, cerdos Una inmersión en la naturaleza en toda su plenitud. Los senderos que iban cosiendo el territorio, los regatos (pequeños cursos de agua) a la vera de los cuales se lavaba la ropa y donde bebía el ganado, el olor, el sabor, el color, el cielo plagado de otras estrellas, la lluvia, el frío, el silencio. Todas vivencias nuevas, otro mundo espacial dentro de la cabeza de ese Mario de cuatro años.

Creo que esa corta pero intensa etapa de su vida, fue algo de enorme importancia para él, en relación con su manera de entender el territorio, que no era, en su arquitectura, algo obvio, sino algo que tenía sentido profundo, particular, diferenciador, que había que desentrañar en cada lugar. Eran el sustrato para el que se pensaba y donde se desarrollaba su arquitectura.

Cuando termina la escuela primaria, estudia en el Liceo Militar, una institución que intentaba ser modélica, donde, por la mañana, los alumnos recibían una educación similar a la que se recibía en los otros colegios secundarios, con excelentes profesores y por la tarde, tenían formación militar. De esa etapa, además de su afición por las armas, y la ejercitación de su natural don de mando, rescataba como formación principal sus clases de carpintería. La práctica de dibujar el modelo, preparar las piezas, cortar el material y armarlo, influyó en su manera minuciosa de pensar los detalles como parte inherente al proceso de proyecto. La construcción era algo que surgía ya con la idea, y, en seguida, junto con los primeros croquis, que expresaban el “partido”, aparecían también dibujos que mostraban ya la definición del material a utilizar y algunos encuentros. Dibujaba los detalles con minuciosidad, a mano alzada, a la escala mayor posible, aún a escala natural-

Es al finalizar el Liceo Militar, donde también fue jefe de redacción de una revista literaria, y donde, por su espíritu rebelde, estuvo a punto de ser expulsado, decide estudiar arquitectura, aunque esa no fue su elección inicial. Mario pensaba estudiar la carrera de Física, pero un profesor le aconsejó que estudiara Arquitectura por la facilidad que tenía para el dibujo y fue entonces cuando cambió de idea y inició su inmersión en el mundo de la arquitectura. Ese interés por la física, le ayudaba en su capacidad de comprender e integrar en el diseño, la trama de instalaciones que encontraban, desde el inicio del proceso de proyecto, su sitio en la estructura espacial y constructiva de la obra.

Esa dualidad, la de una mente científica, ordenada, precisa, y la de excelente dibujante, sensible, creativo, con trazo certero, se percibe en las obras que complementan riqueza espacial, detalles de manejo de la luz natural, de colores, de relación del interior con el exterior, de espacios cálidos para la vida, pensados para los que los van a habitar, con precisión en el diseño de los detalles, en el uso de los materiales, en la integración, en la obra de los elementos técnicos.

 MARIO ARQUITECTO

 Mario entra así a la Facultad de Arquitectura y va desarrollando sus estudios hasta encontrarse con el Arq.. Martín en proyectos, en el  tercer año de la carrera y ahí descubre la arquitectura. Siempre citaba dos temas de los que les hablaba: la fachada como bufanda, como elemento regulador del clima interior y la idea de trama y urdimbre, la forma como materialización de una idea.

La “bufanda”, se concretó para el diseño del edificio de los ministerios en Viedma, Río Negro cuando la gobernación pasaba a ser provincia. La solución de la fachada se planteó como una doble piel separada dos metros una de la otra; tras la fachada interior, plantas que daban un primer plano verde que tamizaba la visión desértica del exterior.. Esta cámara tenía calefacción, de modo de crear un colchón térmico para el rudo invierno de la zona. Hoy, más de cincuenta años después, está a la orden del día: la doble fachada, como solución para el control natural del clima.

La trama y la urdimbre, como expresión, sintetiza la idea de la forma como respuesta a un concepto, como se tejen los hilos de la trama sobre la urdimbre del telar., hacía referencia a la idea como fundamento de la arquitectura, desde la cual se generaba el hecho físico. Mario nunca lo olvidó, quedó grabado en su espíritu, lo desarrolló en su arquitectura y lo transmitió en su docencia.

En quinto año, Mario desarrolla un proyecto de estadio circular, una idea inédita, que llevó a patentar:: una serie de bandejas para alrededor de trescientas personas cada una, que iban subiendo en forma de espiral y que tenían para el acceso y la evacuación una rampa que, como envolvente al edificio, iba bajando hasta el nivel de la calle. Esta solución desmasificaba el movimiento de público a la salida de los partidos. En esa ocasión, tuvo la oportunidad de discutir su propuesta estructural y constructiva con el Ing. Torroja, que visitaba, en ese momento, la Facultad.

Cuando termina la carrera, cursa, junto con Rivarola, su socio, un año en 6el Instituto Superior de Urbanismo. Su práctica profesional se mantuvo en el marco de la arquitectura, pero es posible que esos estudios enriquecieran su lectura del territorio, a la que era tan sensible, a la hora de proyectar.

 MARIO EN TUCUMÁN

 Siendo estudiante trabaja, también con Rivarola, en el Ministerio de Salud, en la sección de arquitectura. Era el año 1952; el Ministro de Salud Pública, Ramón Carrillo, en el marco de un plan general de salud, y construcción de establecimientos sanitarios para el país plantea un complejo hospitalario en Horco Molle, en la parte baja del cerro San Javier cerca de la ciudad de Tucumán, como parte de un proyecto de gran envergadura, una ciudad universitaria en la parte alta y la parte baja del cerro, unidas por un funicular del que fue artífice el arq. Vivanco, junto con el arq. Camino y otros profesionales.

Eithel Traine, el Pibe Traine, arquitecto santiagueño, buen tomador de mate, de vino y buen percusionista con el bombo, era el responsable del proyecto.. Mario se sumó al equipo que vivió y trabajó en el obrador del complejo durante dos años. Esa fue una experiencia muy rica, además de por su trabajo con Traine, porque vivió en el obrador todo el tiempo, codo con codo, con los obreros y los técnicos de la empresa, profundizando en esa experiencia su sensibilidad y apropiación de los procesos y detalles constructivos. La obra era su hogar, la mujer de Traine, Raquel Iribarne, una madre, aunque menor que ellos, para todos. También participó de la experiencia Jesús Bermejo, un gallego que, veintidós años después, fue nuestro apoyo en España. Jesús había oído hablar de la Universidad de Tucumán y de sus profesores: Sacriste, Vivanco, Catalano, Caminos y decidió dejar su país para estudiar allá la carrera de arquitectura  También César Pelli estudió allí en esa misma época y en alguna entrevista he leído como reivindica su formación con el arq. Sacriste. Estando en Tucumán, hace tres experiencias importantes: el proyecto de la casa del director, un techo para el patio de la Escuela de Enfermeras, construido con tubos de luz con un diseño de estructura tridimensional, que se comprobó saltando encima de la estructura ya terminada y con el Pibe Traine, las cúpulas prefabricadas in situ que cubren el área de los talleres y que generan un espacio modulado y ondulado, y con columnas en cada centro del cuadrado que resuelve el encuentro entre las cúpulas, que no se apoyan directamente en ese plano sino un poco más arriba, a través de columnitas en los vértices del cuadrado que dejan, en los cuatro lados, un espacio por donde entra la luz que resulta, por lo tanto, homogénea y abundante en el gran espacio.

Mario deja Tucumán y vuelve a Buenos Aires en 1954, termina sus estudios y inicia su andadura profesional con Rivarola y la docente en el taller del Arq. Poyard. en 1955.

Ese año fui alumna de Mario. Como cuento en el artículo que se publicó en el Libro Mario Soto, del Arq. Maestripieri, nuestra común afición por la ciencia ficción nos aproximó. Pero no fue entonces cuando surgió nuestra relación afectiva sino varios años después. En el ínterin, nos encontramos cuando me presenté a ayudante alumna en la cátedra de Poyard y Mario era uno de los adjuntos que estaba en la mesa resolviendo los nombramientos. Ese año fui docente en el grupo del Arq. Yantorno. Yantorno era especialista en cálculo de estructuras, además de nadador de competición y quien claculó todas las obras de Mario y Rivarola. hasta que murió a raíz de un accidente. Yantorno fué un gran colaborador, un personaje que, a su conocimiento del cálculo, unía una visión espacial y una comprensión del proyecto, de la idea, y hacía todos los cálculos, en primera instancia con un rápido movimiento, a derecha e izquierda, de su regla de cálculo, adminículo hoy desconocido: pequeña regla con su parte central que se desliza y que resuelve las multiplicaciones como suma de logaritmos de los números a multiplicar y el antilogaritmo del resultado.

 SALTA LA CHISPA

 En el año 1953, como secuela de una mononucleosis que dejó en mí un estado de desánimo y astenia, perdí el curso que había comenzado con éxito y entusiasmo. La situación era tensa por la presión del gobierno sobre las universidades, era la época de “alpargatas sí, libros no” y decidí irme a vivir a Montevideo con mis abuelos maternos, operativo complejo porque, por entonces, las relaciones entre los dos países estaban cortadas, una situación que no se recuerda y de la que no es fácil encontrar documentos. Pero al tiempo volví a Argentina, reocomencé la carrera, hice un tercer año apático y estando en cuarto seguía bastante poco centrada. En ese momento, me encontré, en la Secretaría de la Facultad, con Jorge de la Vega, que luego dejó la carrera para volcarse en la pintura. Jorge formaba junto con Deira, Macció y Noé, el grupo Nueva Figuaración.: Era muy amigo de Mario y pintaba en el altillo del estudio de Mario y Pussy y era quien les hacía todas las perspectivas para los concursos. Los dos teníamos que preparar Hierro y Madera y me propuso estudiar en su refugio del estudio de Mario. Jorge estaba pintando un cuadro de figuras geométricas, círculos que se iban deformando tendiendo a óvalos o elipses, en una gama de tonos grises, que se puede ver en su libro antológico, mientras, yo le leía mis resúmenes de la materia, la última que él dio antes de abandonar..

Fue ahí, cuando tuve mi primer encuentro de tipo personal, afectivo con Mario. Y también fue él quien me entusiasmó para que retomara la carrera. En ese momento estaban haciendo, en el estudio, con la paciencia infinita de Carlitos Laprovítola, los planos del encofrado para el gran techo de la Escuela Normal de Leandro Alem y se iniciaban los planos de obra del Instituto de Previsión Social de Posadas, edificio del que vamos a hablar y que hoy está siendo arquitectónicamente destruido aunque el hormigón siga en pie, a pesar de la protesta de colectivos de Posadas, estudiantes de arquitectura, y varios organismos entre ellos la SCA, con abrazadas al edificio los viernes y otros actos de repudio por lo que está ocurriendo. Mario y su socio viajaban a Misiones y convivían con los obreros para enseñarles los principios básicos de la geometría descriptiva a los obreros de la Escuela Normal que necesitaban para interpretar los planos del encofrado.

 INSTITUTO DE PREVISIÓN SOCIAL EN POSADAS

 Este edificio es muy interesante, y fue posible porque Mario y Pussy, en el proceso de concurso, una vez estudiadas las posibles soluciones, hicieron una pregunta al jurado que, de contestarse afirmativamente, permitía la solución adoptada. La pregunta clave era si se podía usar la altura 2,26 en el área del hotel. El jurado, en el que creo recordar estaba el arq. Kurchan, contestó afirmativamente, por lo que se pudo proponer, para el edificio, un volumen de la misma altura del edificio de Correos adyacente al solar, con lo que se logró una restitución de la manzana de mucho interés para el contexto urbano. El edificio, así, construye ciudad. El segundo premio fue una torre del Arq. Pomar. Habían hecho la pregunta porque, con la normativa vigente, era inevitable resolverlo con una torre. Fue la voluntad de evitar esa solución para una ciudad de la escala de Posadas, lo que permitió llegar al partido propuesto y que resultó ganador del concurso.

El edificio tenía que resolver un programa de hotel, una galería comercial y dos pisos para las oficinas del Instituto Nacional de Previsión Social. El vocabulario de hormigón armado es contundente y se humaniza en el detalle de los balcones con sus bancos premoldeados de sección curva, los parapetos y el carácter de tamiz de las terrazas que retoman la intención de las Unidades de Habitación de Le Corbusier, como forma de generar un espacio intermedio que preserva las habitaciones del sol y del calor del verano de Misiones.

En el frente se trabajó sobre la línea de fachada enriqueciendo la solución con las escaleras y rampas que enlazan el nivel de la vereda con los planos uno y menos uno, proponiendo en la parte de atrás del edificio volúmenes que son un contrapunto al principal, por sus formas que integran trazados rectos y curvas, generando, en esa entrada secundaria, pequeñas superficies verdes y palmeras que enlazan con imágenes del paisaje misionero y enriquecen la trama urbana en ese punto Sobre la fachada principal, dos volúmenes cuadrados con sus bordes redondeados que alojan el hall de entrada de las oficinas y el bar del hotel están construidos con carpintería de acero y paneles de mármol de dos centímetros de espesor que dejan pasar la luz, en forma cálida y suave, hacia el interior. El carácter contundente del volumen se ve enriquecido, en la parte de atrás, por los volúmenes bajos de los servicios, que lo completan y los volúmenes emergentes de escaleras y chimeneas.

En la documentación de obra, además de los asesores de estructura  e instalaciones, trabajamos unas nueve personas durante, más o menos, nueve meses. La forma de trabajo de entonces, dibujando en tablero con rotring y con gilette, que se utilizaba para borrar, daba tiempo para la reflexión y para el estudio exhaustivo de todos los detalles.

 Por esos  años, después de 1955, la provincia de Misiones pone en marcha un plan de desarrollo regional, se construyen caminos y se plantean una serie de concursos con distintos programa a los que se presentó el estudio y de los que derivaron los edificios de las Hosterías y las Escuelitas. La Escuela de Alem, fue un encargo posterior, directo, de la Provincia.

 LEANDRO ALEM

Vimos cómo se resuelve en la ciudad, como respuesta para la trama urbana, el edificio. Ahora veremos cómo lo hacen en un edificio aislado, en las afueras del pueblo de Leandro N. Alem, donde se plantea el programa para la Escuela Normal. La solución es, básicamente, una nave, en principio, de madera y chapa, con sus dos tejados en pendiente hacia el centro. Luego, por voluntad del gobernador de Misiones que buscaba una imagen más representativa y duradera, se hizo de hormigón armado, con un gran tejado con dos alas que convergen hacia el centro donde hay una enorme gárgola que recoge el agua de lluvia, cuyo enconfrado recuerda la construcción de un barco En las caras longitudinales la piel se configura como un gran parasol que preserva de los rayos de sol y crea un microclima en el que hay cerca de quince grados menos que en el exterior. Los dos lados menores se cofiguran como dos altas tapas de ladrillo. Debajo del gran techo,  formando un universo claramente modulado por el ritmo de las columnas en el centro y donde se desarrolla, debajo, una tira para aulas y una serie de volúmenes pequeños: talleres, baños, administración y el aula de música, solucionada con un hiperbolóide elíptico de hormigón gunitado sobre una malla de metal desplegado, elemento escultórico que debía servir como aula  y como boca de escena, de gran eficiencia acústica para ambos usos, por la conjunción de la forma cóncava en el sentido transversal y la convexa en el longitudinal Los pequeños volúmenes van dejando los espacios libres para organizar los talleres, desde donde se perciben las luces y las sombras que se cuelan a través de los parasoles y  entre los volúmenes La diferencia de nivel de suelo define las distintas zonas y aporta una relación más rica entre unas y otras. La gárgola no es un elemento escultórico, aunque también lo es, se pensó para recoge el agua de lluvia, abundante en la región, pero inexistente en el suelo, de modo que cuando cae, pasa luego por un filtro de plata y se utiliza para la escuela..

 LA LUMPERA

Hacia 1960, Mario se compra una pequeña casa en Buenos Aires, con planta en forma de trapecio, en la confluencia de las calles Anchorena, Berutti.y Juncal.

Sobre esta preexistencia de gruesos muros mixtos de hormigón y 55 cm. de ladrillos asentados con una mezcla de barrio y cal, se levanta un piso de doble altura con entresuelo y otro piso en la parte superior para vivienda.. Un primer intento llevó, al estudio, a resolver un programa para alojar el estudio y tres viviendas, dos de las cuales serían para Mario y Rivarola, aprovechando la edificabilidad permitida en la zona. Pero, por fin, el proyecto no siguió adelante y Mario decidió construir solo su estudio y su vivienda arriba. Esa casa era un poco la casa de todos. La llamábamos“la lumpera”. Mario gustaba inventar nombres, haciendo referencias como en este caso a los lumpen, tanto como gustaba inventar categorías, como la de gallegos y polacos, definiendo con eso dos tipos de personalidad:: los gallegos, eran los creativos; los polacos representaban los racionales, los esquemáticos, obviamente él era un prototipo de gallego, pero no por ser “el gallego Soto” sino por esa estructura mental ajena al origen de los apellidos.. También gustaba dibujar objetos inútiles, como carretillas que se dieran vuelta o cualquier otro elemento absurdo referido a un objeto real durante las largas reuniones docentes o de trabajo.

 Este edificio, según Mario, se había hecho “por Sullivan y alambre de enfardar” De Sullivan su “form follows function” y lo del alambre de enfardar, por el criterio de austeridad y economía absolutos. Los constructores, excelentes albañiles italianos, que tenían el orgullo de su oficio y  acostumbraban participar en concursos en los que debían construir sin replanteo, empezando la construcción por una punta y terminando en el mismo punto. Las ventanas eran las más baratas del mercado, una oferta de  ventanas a guillotina, pequeñas y también se utilizaron las ventanas ya existentes y el volumen austero, con  su imagen maciza, por la proporción de los vanos y los llenos estaba revocado con un revoque muy grueso que se había logrado quitando un diente a la máquina. El estudio tiene su lugar de reunión, recepción y la cocina en PB entrando por la zona de garaje y zona de estudio en la primera planta y entresuelo y la vivienda en la planta superior, que termina en la proa con una terraza y una gran pérgola de madera que hace habitable el espacio de orientación norte,. casi todo el año.

La casa de Mario, con su chimenea, su amplia puerta-ventana hacia el frente y la vista a través de un mundo de plantas hacia la piazzeta que forma el encuentro de las tres calles, fue centro de reunión donde se hacía tribuna los días de partido por la televisión,, donde un grupo de amigos disfrutamos el compartir el primer alunizaje; y desde donde, sentados en los bancos bajos de mimbre, porque en el estudio no se usaba mesas altas, y en los peldaños de la escalera que cosía en vertical toda la casa, vimos en un acto que en ese momento era casi clandestino, “La hora de los hornos” de Pino Solanas, proyectada desde el entresuelo en la amplia pared blanca sobre la ventana de la esquina.

 Mario era un ser eminentemente sociable. En ese estudio se armaban todo tipo de reuniones y llegaba la gente más variopinta: arquitectos, estudiantes, amigos de distintas disciplinas con los que se reunía para analizar la realidad nacional, más tarde militantes de grupos revolucionarios…

El estudio era un centro de reunión pero también un ámbito de trabajo febril, sobre todo en épocas de concurso, cuando nos reuníamos a trabajar, días y noches, sin parar, comiendo pizzas y vinos en algún bar de la zona o suculentas sopas que Mario  preparaba en la pequeña cocina de la planta baja.

 Cocinar, para él era una gran afición y en su casa, a menudo, se hacían grandes paellas o guiso de lentejas para algún acontecimiento especial. Y muchas noches, en nuestra casa de Coruña, nos pasábamos horas preparando gelatinas, o empanadas gallegas, mientras Mario, siempre con un cigarrillo en la mano o el vaso de vino, revolvía su comida con gran cuidado y control, con sus grandes cucharas de madera. Justo antes de morir, fue socio en la aventura de una cervecería .alemana, en Coruña, el Bodensee, como consecuencia de haberse enganchado en algo que se inició como un encargo de proyecto y para la que investigó y organizó los platos de la carta.

 MISIONES ESCUELAS Y HOSTERÍAS

 Volvemos a Misiones, donde ganó, junto con Rivarola, los concursos para hosterías y escuelitas. que serían construidas a lo largo de la Provincia. También, años después, se hicieron los proyectos tipo para otra serie de escuelas de madera para ser construidas con módulos de un organismo oficial, que nunca se llegaron a construir.

El tema de la madera como elemento constructivo respondía al concepto de aprovechar el material del lugar, en esa provincia con tantos bosques y selva y tratar de generar, a partir de la demanda oficial, una industria local de la madera. Ese concepto, unido a la respuesta de la arquitectura al clima a partir del diseño, nos muestran cómo Mario sentía la importancia del lugar, en toda su dimensión, en todas sus connotaciones, como base para pensar su arquitectura.

Las escuelas estaban cubiertas por un techo con pórticos de madera que cubría los volúmenes de aulas , oficinas y otros servicios, concebidos con un lenguaje austero, pero con un concepto de adaptación al clima similar al de la Escuela de Alem, el doble techo que permite la ventilación, única solución eficiente para los climas cálidos húmedos como el de Misiones y los volúmenes formando un paisaje de pequeños elementos y espacios intersticiales, algo que quizás contenga recuerdos espaciales de los pueblos de Galicia. pero siempre con una trama ordenada y modulada que le permitía un control de las proporciones de esos espacios.

 Las hosterías responden a una propuesta que se aleja de la idea de volumen unitario, se dispersan por el terreno los elementos que contienen habitaciones organizadas de a cuatro, dos en planta baja y dos arriba y el volumen cuadrado del estar-comedor-cocina enlazados por una pérgola de madera que va atando el conjunto. Esta propuesta les permitía adaptarse al terreno con total facilidad y libertad, manteniendo siempre el mismo espíritu y siempre esa libertad organizada según un trazado modular subyacente y en las habitaciones, tanto los elementos de equipamiento como los baños, son siempre como en todas las obras, elementos sutilmente escultóricos que humanizan el ambiente.

Mario utilizaba mucho los trazados. En la torre del Instituto de Previsión de Posadas y también en los baños de ASPACE, un colegio para paralíticos cerebrales en Galicia del que hablaremos más adelante, recuerdo la complejidad de trazados que iba creando de una manera que parecía mágica, en una búsqueda que iba mucho más allá del uso de la proporción raíz de dos o la sección áurea, eran círculos, tangentes que iban multiplicándose con una lógica misteriosa con la que lograba figuras en las que se sentía ese control, que no aparecían nunca como gratuitas. En ese colegio, el módulo, que siempre ordenaba y controlaba las dimensiones en planta, también se utilizó para definir las alturas de los volúmenes.

 CASA BERISSO

Antes de irnos de la Argentina, en este escrito, quisiera mencionar una obra que se yergue en la provincia de Entre Ríos, en medio del campo, el casco de estancia para La Peregrina. que  se planteó tomando como punto de partida una torre preexistente que se utilizaría como oficinas para el dueño de la estancia y que es el elemento alrededor del cual se genera la casa. La torre se rehabilitó recuperando sus detalles iniciales y la vivienda se construyó partiendo de otra preexistencia,: miles de ladrillos que estaban en el lugar. Por ello, se planteó una vivienda de muros portantes y unas bóvedas de ladrillo, usándose el hormigón para vigas y cimientos. El plano del techo remataba plano, y debajo, en función de esa trama espacial definida por las vigas y las bóvedas, se organizaban los espacios de vida de la vivienda. La zona de estar, cocinas y habituaciones de servicio y garage se organizan formando un patio; por otra parte, desde las principales ventanas se domina el campo que la rodea hasta el horizonte, por la elevación de la planta, a unos ochenta centímetros del suelo. Como en todas sus obras, se da mucha importancia a la organización de las funciones, en cuanto permite las conexiones y privacidades necesarias para la vida de sus habitantes, separando claramente, también la vida de la familia de las zonas de servicio, nunca minimizadas  en sus obras. Para Mario, la función, era algo que había que comprender profundamente, no era un organigrama, era la manifestación física de las relaciones y las actividades humanas y para él todas eran importantes, y todas merecían atención y una resolución completa del problema.

La casa Berisso con sus líneas horizontales marcándose nítidas contra el cielo con el contrapunto de la torre, las boveditas manifestándose en la fachada, tiene algo de la nobleza palladiana, aunque su vocabulario su forma de organización, el ser en una planta, la alejan totalmente de las casas de ese autor.

.Como siempre, más detalles que humanizan el diseño, que generan incentivo para los sentidos: una fuente donde se echa agua sobre una de sus dos conchas marinas, aporta un elemento escultórico y un ruidito de agua permanente, o las ventanitas horizontales muy estrechas a la altura de una persona sentada, permiten la vista del atardecer, la puesta de sol en el horizonte. Otros detalles, como barandillas, escalones, armarios, nichos, son aquéllos que aportan carácter en el diseño de las estancias. También esta forma de tratar los elementos secundarios aparece en los baños del hotel, que están conformados con curvas y pintados con pintura epoxi, en vez de estar reviestidos por azulejos, cabinas mínimas para las que estaban ya pensados . un sin fin de detalles.

 ENTREACTO

Hubo un corte en la vida de arquitecto de Mario, cuando dejó, unos dos o tres años después de haber ganado el concurso para un hospital de 1000 camas en ¨Córdoba, con Rivarola y, unido el estudio con el de Manolo Borthagaray, que no se llegó a construir; porque fue un proyecto póstumo del gobierno de Illía- Durante ese corte, tuvo una segunda vida volcada en la actividad política y revolucionaria, que duró hasta su llegada a Europa a fines de 1974.

Después de esos cuatro o cinco años de vida volcada a la actividad política, incluidos unos doce meses de cárcel, y un periplo que lo llevó por Perú, Chile y Cuba, y que,al volver, según cuenta la leyenda, aplicaba su capacidad constructiva a todo tipo de espacios clandestinos a todas las escalas, desde dobles fondos de libretas, o de valijas de todos los tamaños hasta sótanos enmascarados, vuelve a volcar su interés vital, su capacidad creadora a la arquitectura en la tierra de su padre, en Galicia, esta vez en Coruña.

 TRABAJANDO EN GALICIA

Galicia, sobre todo cuando llegamos, en 1975 era una tierra verde, muy verde, con árboles, montes tiernos y un mar y un viento que hacía sentir la fuerza de la naturaleza. La primera obra que le encargaron a Mario, cuando aún estábamos en Madrid buscando cómo  insertarnos en esta tierra, fue un proyecto para una isla, un club deportivo, frente a la playa de Mera, cerca de La Coruña. El proyecto se adaptaba a las piedras, no se confundía con la naturaleza, pero se integraba totalmente a ella. Como en todos los proyectos de Mario, aparecía la arquitectura ligada al uso, al disfrute de los espacios y a la escala humana. Eso se observa en los dibujos en los que expresó la idea del proyecto.

Ese proyecto fue una especie de prueba que necesitaba Jesús Bermejo, viejo amigo de la época de Tucumán., del que ya hemos hablado en este artículo que había vuelto, por casualidad y por razones familiares, poco antes que nosotros a Galicia, como carta de presentación de Mario, para la Ingeniería del Atlántico en la que él trabajaba, encargada de elaborar los planos para la nueva autopista. Esa posibilidad, es la que nos trajo a Mario y a mí y a nuestro hijo Pablo, de catorce meses, a Coruña en Junio de 1975, un año antes de la muerte de Franco, a pesar de que Mario siempre había declarado que esperaría ese acontecimiento para entrar en España.

 En Galicia hace una primera obra en la que vuelca todo su interés en recuperar las constantes de la arquitectura gallega y procesarlas en una arquitectura contemporánea. Cuando estuvo trabajando para Misiones, eso mismo se lo planteó en relación con el clima, con el paisaje, con la luz, con los materiales del lugar. Por eso el uso de la madera en todas las soluciones, incluida la primera propuesta para la Escuela Normal de Alem. Hubo unas circunstancias desgraciadas en relación con las escuelitas de madera, que no se supo nunca si había sido un error lamentable o provocado y es que la madera  se trató con un producto inadecuado, las sales eran solubles al agua y la madera entonces se deterioró rápidamente y sólo hubiera sido posible reconstruirlas volviendo a hacer la estructura y los techos que contenían los edificios pero para ello debió haber habido el presupuesto para ello y la voluntad política de potenciar la construcción en madera con una convicción tan fuerte como la ilusión de los arquitectos de la obra.

El edificio de peaje de Rande, esa primera obra hecha para autopistas del atlántico se estructura como un eje en el que se marca nítidamente la entrada. Ese gesto, ese marcar la entrada del edificio en el límite de su predio, como un portón de estancia, como la puertita del convento de la tourette de Le Corbusier o tantos otros ejemplos, y de ese eje espacial marcado por un recorrido longitudinal, emergen hacia los dos lados volúmenes de distintas formas y tamaños como percibió y dibujó tantos edificios en Galicia, populares que a su volumen principal adosan todo tipo de volúmenes secundarios. También para autopistas había proyectado, junto con Bermejo, las marquesinas de peaje, las cabinas de cobro y las estaciones de servicio con un pequeño edificio anexo donde se aloja un bar, baños y la zona de cobro con pequeño centro de ventas. Estos edificios bajo el techo de estructura espacial que los cubre, están diseñados, igual que el edificio de mantenimiento, con una estructura modulada de chapa y cerrado con paneles que alojan en sí mismos las ventanas. El modulado de la estructura, de pilares de hormigón prefabricados exteriores al edificio, permite un armado rápido del volumen de prefabricados, dando una imagen cálida por los colores, pero de carácter más industriaque la propuesta de Rande.l Creo que la rapidez de montaje y el poco tiempo para resolver el diseño influyeron en esa propuesta.

El edificio tipo para peaje y el de mantenimiento estaban pensados como edificios longitudinales, en la dirección de la autopista, que se iban recorriendo con la vista a medida que pasamos por la carretera. El de mantenimiento cercano a Coruña, se ve a medida que uno avanza por el km 16 de la Autopista del Atlántico, paralelo a la misma, pero en un ramal secundario de servicio.

 Otro proyecto interesante es un poblado en Meirama para realojar a expropiados por el trazado de la autopista. Las casas recrean con un lenguaje contemporáneo de techo a un agua con la estructura que se marca en las fachadas, las necesidades de las gentes del lugar, con espacios para el trabajo agrícola, una propuesta de doble altura que daba riqueza espacial a viviendas de poca superficie, unas ventanas que recuperaban el carácter de la luz de las ventanas de las viviendas preexistentes. El poblado remeda la traza de la Rúa del Vilar, calle emblemática de Santiago de Compostela, como espíritu a recuperar: una traza no recta, que serpenteaba sutilmente sobre el territorio.

Cuando el poblado se terminó, los habitantes de la zona habían conseguido, con sus luchas reivindicativas, una indemnización que les permitió comprar chalets en la zona, abandonando sus antiguos modos de vida, por lo que el poblado nunca pudo ser totalmente habitado y no pudo verificarse como experiencia. En ese momento, la región estaba dando un vuelco económico y demográfico, potenciado por esa autopista que se estaba construyendo, que hoy se enlaza con la que recorre de Norte a Sur, el vecino país de Portugal. La población,f rural, pasó a ser urbana en pocos años, se cambiaron formas de vida y de trabajo entrando la población a tener hábitos de vida y de consumo similares a los de las zonas más desarrolladas.

 OTRAS OBRAS EN GALICIA

 Además de los edificios para la Autopista y algunas viviendas de las que vamos a hablar, proyectó un edificio que recupera la propuesta espacial de la escuela Normal de Leandro Alem en Misiones en cuanto a un voúmen único que acoge, debajo, los volúmenes que definen las distintas áreas, es la Escuela para la asociación de paralíticos cerebrales, ASPACE que se configura con una estructura de pilares de hormigón in situ y vigas prefabricadas de hormigón, de las utilizadas para la industria ,con los dos pórticos de los extremos de hormigón in situ que garantizaban la indeformabilidad de la estructura y daban una imagen controlada al frente y contrafrente del edificio. Pero si bien, como en Alem, el gran techo alojaba debajo elementos espacialmente diferenciados, el volumen en su parte alta, entre los cielorrasos y el techo, estaba cerrado y tiene un gran espacio central a lo largo del edificio, un patio cubierto, entre las tiras de aula y el comedor, donde los volúmenes curvos de los baños, con su techo de donde penden plantas modulan el espacio., En esta zona el tejado tiene chapas traslúcidas y el cielorraso que lo define es también de chapas traslúcidas, plano y con toldos alternativamente amarillos y blancos que caracterizan la luz en esa zona. Hacia el Este la fila de aulas con sus cielorrasos a cuatro aguas con un lucernario cuadrado en su parte central y toda su superficie vidriada hacia la franja verde que la separa de la medianera y hacia el oeste el comedor, también totalmente vidriado, dando a un patio con una fila de sauces con un cielorraso plano.. La  diferencia de alturas y conformación de los cielorrasos y los colores utilizados en los distintos espacios, respondían a la la necesidad de facilitar la identificación por los niños paralíticos cerebrales. Por eso, las entradas a las aulas se marcaban netamente en la tira, con un volumen sutilmente saliente y cada una por un color que la identificaba con relación a las adyacentes.

 En Misiones, Mario quiso recuperar la madera como elemento constructivo y estructural, aquí, en Galicia quiso hacer lo mismo con la piedra. Tanto la casa Vales, como la segunda vivienda para el ing. Astor, recuperan este material en la fachada. Pero es interesante porque intenta utilizarlo con una técnica no tradicional en la zona el hormigón ciclópeo, pero en esta tierra fértil en artesanos de la piedra que la saben trabajar a la manera convencional, no consiguió que los contratistas pensaran que era posible la propuesta y convencieron a los propietarios de que eso era “una locura”, Por fin, no sólo por esta razón, sino otros motivos personales de los propietarios del solar, abortaron la obra.

 OTRA ESCALA

 Por útlimo, quisiera mencionar algunos edificios de mayor envergadura en los que Mario pudo expresar su capacidad de trabajar a otra escala en relación con el territorio, en Buenos Aires, el proyecto para la Biblioteca Nacional con el que sacó el tercer premio, tenía una torre de mármol que permitía la ventilación natural de los libros que alojaba: era el depósito, como elemento simbólico y con una solución de climatización natural óptima, y abajo, en forma de anillo alrededor de esa torre, las salas ligadas al paisaje y a los espacios verdes para uso y disfrute de los visitantes. Otro, para el concurso de la Municipalidad  de Ámsterdam con una expresividad en la escala urbana con grandes volúmenes en el espacio,y el agua penetrando dentro del edificio como acceso por las lanchas y por fin, en Galicia, una fábrica para los jabones La Toja, en la que la propiedad buscaba un edificio representativo .y que Mario proyectó en el marco de su trabajo para el consulting con que colaboró en las obras de la autopista.. Otra vez, como en el poblado de Meirama, Mario tuvo mala suerte: hubo en ese momento un cambio económico grande, y la empresa resolvió construir un edificio mucho más económico con estructura metálica, aprovechando que también tenían intereses económicos en la industria del acero y ese edificio quedó concretado sólo en el papel.

Los tres tienen una fuerte fuerza expresiva.. La fábrica que se asienta en un terreno con pendiente, como son habitualmente los terrenos de Galicia en el que se planteaba un movimiento de tierras que lo aterrizaba y, cumpliendo con eficiencia y precisión todos los requerimientos funcionales inherentes a un edificio industrial, la construcción, con paneles prefabricados portantes de hormigón que cuando era necesario tenían también incluidas las ventanas creaban un volumen principal al que se adosaban otros de distinta altura en el que predominaban los llenos sobre los vacíos y que en las partes de uso más doméstico y entradas, utilizaba como piel un muro de vidrio con un lenguaje tomado del muro musical de Le Corbusier en La Tourette.

 DOCENCIA

Antes de terminar, quisiera hacer mención, por la importancia que tuvo en la vida de Mario, su actividad docente. Mario fue profesor, como ya dije, por primera vez en la Facultad, en el taller de Poyard, luego fue adjunto en el taller de Manolo Borthagaray, junto con Solsona y Goldemberg Y cuando Vladimiro Acosta deja el taller, por su enfermedad, en 1966, Mario se hace cargo de ese taller y se inscriben para cursar en él 600 alumnos. En ese momento, Mario que era un arquitecto de ideas independientes fue mimado y rodeado por la gente del PC a través de Marcos Winograd, arquitecto urbanista y algunos alumnos como Juan Carlos López, de gran personalidad para movilizar asambleas (paradójicamente, con los años, devino un artífice de la arquitectura del consumo) y su entonces inseparable “gordo Kupperzmit”, quienes lo habían invitado en 1966, a participar en el congreso de arquitectos de la UIA que se realizó en Cuba y donde Mario conoció en persona, al Ché Guevara, que recibió a la delegación argentina. Como dije en mi artículo del libro Mario Soto arquitecto, del arq. Maestripieri, creo que ese encuentro fue decisivo en la actitud política de Mario desde entonces. Porque, aunque no es casual que los estudiantes lo invitaran, fue después de ese viaje cuando se comenzó a gestar y desarrollar en Mario el pensamiento político y, sobre todo, la voluntad de acción..

Mario inició el taller, con Livingston, Juan Molina y Vedia, Naldo Leiro, Marcos Winograd, y Paco García Vazquez como adjuntos, y un equipo de treinta y tres docentes, cuyas reuniones generales parecían pequeñas asambleas. Ese mismo año entró la policía a la facultad, la noche del 26 de julio de 1966, llamada y recordada como la de los bastones largos y fuimos desalojados del edificio, unas naves industriales de madera laminada que había en Retiro. A raíz de eso, a pesar de que Mario, igual que Paco García Vázque y que yo misma, no queríamos renunciar sino que nos echaran, por mayoría en asamblea, se decidió la renuncia general, que fue redactada con dos versiones, una cuyos términos fueron aceptados por las autoridades, era la época de Onganía, y la otra, la nuestra, cuyos términos no fueron aceptados. Cuando formó el taller en Buenos Aires, para el concurso, sacó una especie de manifiesto ideológico que los docentes que querían ser profesores en su taller tenían que aceptar. Pero lo interesante en la docencia de Mario era que esos conceptos ideológicos en relación con una crítica a la realidad social, se vertían en el campo de la arquitectura, no eran ajenos a ella. Estaban expresados en los temas, en cómo se pensaban los espacios, en el uso de los materiales, en la importancia de la idea…

 También fue docente en La Plata donde tenía un taller,.docencia que tuvo que dejar en el mismo año y que retomó por muy poco tiempo, cuando se llamó nuevamente a concurso,  más o menos en el 1971 o 72, poco antes de caer prisionero por sus actividades políticas de carácter revolucionario. Debo aclarar que pudo solicitar salir del país y eso ocurrió poco antes del día de la fallida huida de los presos del penal de Rawson, 5 de agosto de 1972. Ese día, estábamos en Perú, país de elección cuando le dieron “la opción” figura habitual en ese momento, cuando no se debía cumplir condena, pero no consideraba el régimen militar que esa persona pudiera incorporarse a la vida en Argentina, y estábamos comiendo con dos ex alumnos de La Plata.

Volvió a la docencia en La Coruña, donde comenzó como profesor en segundo año, el primer curso de proyectos por entonces y luego lo fue en quinto, hasta el momento de su muerte en 1982. Hablar de la docencia, es tema como para otro artículo, pero sólo puedo decir que la desarrolló con pasión, con dedicación, tratando de hablar de los fundamentos, de los conceptos, nunca desde la forma. Fue, sin pecar de partidismo afectivo, con palabras de un ex alumno, un maestro, su único maestro.

 

Bibliografía donde encontrar obras de Mario Soto y del estudio Rivarola Soto arq. 

Mario Soto por Eduardo Maestripieri-de la Colección España y la Argentina en la Arquitectura del siglo XX-Editado por la Sociedad de Arquitectos y la Conserjeria Cultural de la Embajada de España. ISBN: 987-99741-1-5 

Arquitectura Latinoamericana 1930/1970 – Francisco Bullrich  Editorial Gustavo Gigli

Impreso en Argentina depósito Nro. 11.723 ©1969 Editorial Sudamericana. Edición exclusiva para Europa (Escuela Leandro N. Alem)

Revista auca (arquitectura, urbanismo, construcción, arte) Santiago de Chile.Nro 9 1967

(Su casa estudio)

Boletín 16- Comisión de cultura do Colexio de Arquitectos de Galicia- decembre 1983 

Revista Summa Nro. 2  octubre 1963- Hostería San Javier

Revista Summa Nro. 8  abril 1967- Instituto de Previsión de Misiones

Revista Summa Nro. 14 diciembre 1968 Estancia La Peregrina, Ceibas, Entre Ríos 



















EL CONTEXTO EN LA ARQUITECTURA DE MARIO SOTO

                                                                                        Myriam Goluboff, arq.

LA TRAMA Y LA URDIMBRE

Como una alfombra que teje sus hilos sobre la urdimbre, la arquitectura se construye, se piensa, se sueña, sobre un cuerpo de ideas. Ideas sobre el sentido de la naturaleza, de la sociedad, de los seres humanos.

La arquitectura de Mario Soto es la trama sobre la urdimbre de su ideología; y ésta, en un momento de su vida, se transformó también en trama. Fue cuando Mario dejó los lápices, las reglas T y los “Rotrings” para crear un tapiz con las palabras y con la acción, cuando intentó ser actor consciente de la historia.

Antes y después de ese momento, tejía con los materiales, con el espacio, con las proporciones, con el color, con la luz y lo hacía para que se usara: para quien toma una copa de vino, quien duerme, quien estudia, quien trabaja. En sus croquis aparecen siempre los hombrecitos y las mujeres, no como un mero dibujo que completa una perspectiva, una sección o una planta, sino como expresión de la dimensión, de la proporción y de la vida que se imagina palpitar entre esas paredes.

Pero la trama y la urdimbre, de la que siempre hablaba Mario, se refería a la riqueza de los espacios propuestos, con su complejidad inherente, sobre la urdimbre de un orden subyacente, que se concretaba en forma de trama modular sustrato de las propuestas, en algunos casos, como en la escuela de Alem, en Sada, localidad cercana a Coruña, en España, era una trama no sólo en planta sino también en el espacio.

Esa relación de la geometría y el orden coexistiendo con la riqueza de propuestas que derivaban de la interpretación de los espacios con los que el manejo de las proporciones y la luz daban respuesta a las necesidades de los seres humanos que los iban a habitar, nos hace pensar en sus vivencias espaciales de la primera edad.

Su vida en Buenos Aires, donde nació, en una zona como todas las de Buenos Aires, de manzanas cuadradas, una grilla regular y homogénea que conformaba el tejido urbano, daba un sentido de orden y era fácilmente comprensible. Las veredas estaban sombreadas en forma ordenada por una fila de árboles, a escasos doscientos metros de su casa estaba la plaza de Vicente López, resto de una antigua hacienda, con sus grandes árboles y aún podía encontrar, en sus paseos con su abuelo, las enormes tipas en el centro de la avenida Las Heras, cercana a su casa.

También en Tucumán se encontró con un tipo de construcciones de las que hablaba a sus alumnos tal como lo recuerda el Arq. Álvaro Arrese: “Mario hablaba de la horqueta en los ranchos de Catamarca y Tucumán, con la que construían emparrados que vinculaban construcciones, en general de un monoambiente cada una. El tamaño de la horqueta condicionaba el módulo del emparrado”. La horqueta era el elemento modular básico de donde derivaba el módulo del emparrado que, a su vez, era el módulo sobre el que crecían las construcciones.

De la imagen de las calles con árboles y de la naturaleza, unida a ese orden, quizás derive la presencia del verde que siempre aparecía como complemento de lo construido, tal como se observa a distintas escalas según las posibilidades, desde la propuesta de palmeras en la vereda del edificio del hotel de Posadas hasta la pérgola con plantas en la terraza de su casa-estudio en la confluencia de las calles Anchorena y Berutti en Buenos Aires.

EL SENTIDO DE LA NATURALEZA

Mario tenía cuatro años, era el año 1932, cuando pasó uno entero en Ribadeo, pueblo costero de Galicia en el límite con Asturias, en A vidueira, casa de labranza y cría de vacas, de sus abuelos paternos, a donde su padre había viajado, desde Buenos Aires, con su familia, para ayudar a construir la nueva vivienda. Fue así como Mario correteó por los campos, vio ordeñar a las vacas, sintió el viento del invierno, contempló el cielo por las noches, profundamente oscuro, sin luces de la ciudad que le quitaran grandeza, con la osa mayor girando sobre su vértice, vio amasar el pan y cocerlo en el gran horno.

de leña y es posible que haya visto también, la matanza del cerdo, hacer luego, toda la familia, los chorizos y poner la carne a salar.

Hacia el año 1950, aproximadamente, era estudiante de Arquitectura y trabajaba como dibujante en el Ministerio de Salud. El arquitecto Eitzel Traine, “el Pibe”, su jefe en el Servicio, fue nombrado responsable del proyecto y dirección de la Ciudad Hospital en Tucumán y Mario lo siguió para colaborar en esa experiencia.

Allá, en Orcomolle, volvió a vivir en medio de la naturaleza con un horizonte de montes, en compañía de la familia de Traine: Raquelita, madre universal en el equipo a pesar de su juventud, los chicos, muy chicos y de Jesús Bermejo con quien Mario compartía casa, que había salido de Santiago de Compostela para cruzar el océano y estudiar en la Facultad de Arquitectura de Tucumán, en ese momento un foco cultural importante, con los arquitectos Caminos, Vivanco y Sacriste, a quien recuerda, en sus escritos, el arquitecto César Pelli, compañero de Jesús en aquella época.

Mario pasó dos años en ese lugar, con otro cielo límpido, esta vez siempre cuajado de estrellas, moviéndose por el territorio con su caballo Yuto, que lo llevaba en las noches a visitar a la novia de aquella etapa, estudiante de arquitectura, que dormía en la nave, adaptada para dormitorios, de la Universidad. Por el camino soñaba con que lo secuestrara algún plato volador, que nunca llegó a poder divisar.

Vivía en contacto directo, las veinticuatro horas del día, con operarios y profesionales, con la tierra, la lluvia, el viento, otra vez sumergido en un ambiente virgen de asentamientos humanos. Allí todo se planteaba en profundidad y en forma global. Pibe, oriundo de Santiago del Estero y bueno en el arte de tocar el bombo, encabezaba un equipo coherente y cohesionado con una actitud profundamente humana, que manejaba la técnica sin alharacas y que superaba el aislamiento con su dedicación absoluta. Fue así como construyeron como estructura para los depósitos, boveditas prefabricadas en obrador y Mario construyó en el patio de la escuela de enfermeras un techo de estructura tridimensional con tubos de luz, cuya resistencia verificó en persona, saltando sobre ella.

Esas experiencias, la de sus cuatro años y la de sus veinticuatro, estaban ligadas por una forma profunda de relación con el paisaje.

El diálogo permanente, en la vida de Mario de la doble vivencia de lo ordenado, racional de su urbe y lo telúrico, sin geometría, del territorio campesino, coexistían en él. Esa amalgama de experiencias vitales confluyen cuando, al volver de Tucumán y antes de terminar su carrera, se encuentra con los concursos de prototipos para la provincia de Misiones y se presenta con un compañero de trabajo de la oficina de arquitectura del Ministerio de Salud y compañero de la facultad, el arq. Raúl Rivarola. No habían cumplido aún los treinta años cuando se encuentran con el primer premio en las escuelitas y las hosterías con proyectos que daban profunda respuesta al clima y que plantean la importancia del uso de la madera con la intención de potenciar esa industria en la nueva provincia.

Las hosterías se concibieron de mampostería y madera, de mampostería los pequeños volúmenes de las habitaciones y de madera la pérgola que iba uniéndolas y también serían de madera las columnas, el gran techo de la zona de estar y comedor de la hostería y las carpinterías.

El proyecto permite adaptarse a distintas situaciones, en solares muy diferentes unos de otros. Es ideal en ese sentido, porque los elementos de habitación se van asentando en el terreno unidos por un recorrido definido por el desarrollo de la pérgola de comunicación exterior y permitía adaptar también los elementos de mayor escala, comedores y piscinas, a las condiciones del terreno.

Ese concepto tan claro en el caso de las hosterías, se desarrolló en numerosos proyectos del estudio: las escuelitas, otras escuelas planteadas con estructura de madera y paneles del Ministerio de la vivienda, las casas para los puesteros de la estancia La Peregrina, proyectos que, a partir de una idea, se adaptaban a diversos condicionantes particulares.

EL MOVIMIENTO MODERNO- LE CORBUSIER

La idea de módulo como urdimbre, elemento ordenador, responde a la época de desarrollo de la industria y de la racionalización que de ella se deriva en la construcción.

A lo largo de su vida de arquitecto, Mario fue un gran admirador de Le Corbusier, por su coherencia, por lo sistemático de su desarrollar.

las propuestas en las que ligaba el todo con cada una de sus partes hasta los mínimos detalles.

Es interesante observar cómo las experiencias complementarias en la vida de Mario tienen relación con las experiencias vitales de Le Corbusier que había crecido ligado al mundo de la Naturaleza que conocía desde pequeño cuando vivía en Le Chaux de Fonds y hacía largos paseos por los bosques con su padre. Más tarde, tuvo la percepción profunda de la arquitectura que encontró en su viaje a Oriente, en su paso por la Grecia clásica, donde, buscando un lenguaje para su región natal, descubrió un lenguaje universal y también su fascinación por el orden y la lógica de la producción industrial.

Habían surgido nuevos materiales, técnicas y elementos de la construcción que permitían plantear una arquitectura para sectores de la sociedad para los que, hasta entonces, el hábitat era algo espontáneo, en el que no se había pensado sistemáticamente. Y esa lógica y la forma de producción de los elementos por la industria lo llevó a la necesidad de definir módulos, tramas ordenadas de columnas para luego desarrollar los espacios con libertad dentro de ellas.

Corbusier y los arquitectos del movimiento moderno, comprendieron también, y eso se percibe en los postulados urbanísticos, el nuevo rol de las ciudades, pero no pudieron adivinar el crecimiento súbito patológico que sufrieron cincuenta años después. Sus soluciones, casi nunca aplicadas, perdieron sentido antes de que el colectivo profesional pudiera asimilarlas. Ese es un mal de nuestra época: los fenómenos de crecimiento de la sociedad se producen en forma ascelerada, de modo que, cuando la sociedad toma conciencia de los problemas ya están consolidados y es muy difícil resolverlos.

Pero en la época en que Mario comenzó a trabajar, no se había producido en Argentina otro fenómeno que el de la gran emigración del campo hacia Buenos Aires de los años cuarenta y en Misiones, como en Tucumán, la realidad social se había mantenido estable. En Tucumán una realidad sin ningún cambio, en Misiones una provincia de inmigración de grupos diversos tanto europeos como japoneses venidos de Asia, que formaron colonias, pero no habían modificado la dimensión ni la densidad de las ciudades, que se mantenían, como venían siendo, en escala y costumbres.

Las hosterías y escuelitas fueron elementos de un proceso civilizador y los caminos una modernización que implicaba, también, la apertura de la comunicación con Brasil. Ese cambio de concepto que nació unido a la conversión de la Gobernación de Misiones en Provincia , se expresó en una serie de concursos. La Escuela de Alem, que fue un encargo de la Provincia, posterior a los concursos que ganaron Mario y su socio, respondió a un concepto del gobierno provincial en relación con el símbolo de progreso que esas obras debían representar, la trascendencia y duración que debían tener y mostrar. Eso fue lo que llevó a Mario y a su socio Rivarola, a cambiar el techo de la Escuela Normal Leandro N. Alem, en sus dibujos originales de chapa, por el diseño definitivo en hormigón armado.

Este cambio permitió la posibilidad de concebir la gran gárgola que recogiera el agua de lluvia para que, después de ser depurada pasando a través de filtros naturales fuera utilizada para la escuela en un terreno yermo de agua subterránea.

La forma de la sección se pudo concebir así, porque la hacía posible un material maleable, el hormigón armado y por la existencia en la zona de la madera indispensable para construir el encofrado, cuyo despiece dibujó en el estudio Carlitos Laprovítola, ya fallecido, con gran cuidado y precisión, y pudo también, ser concebida y propuesta, por el conocimiento del material y la habilidad para trabajarlo de los carpinteros del lugar.

Pero nunca se hubiera podido realizar si no hubieran, los arquitectos, tenido una actitud al mismo tiempo educadora y respetuosa con la mano de obra existente, que se concretó conviviendo con los operarios y enseñándoles en la obra los conceptos básicos de geometría descriptiva que necesitaban para interpretar los planos.

Ese aspecto humanista en la personalidad de Mario es, a mi entender, fundamento de su arquitectura y se reflejaba tanto en los “partidos” que proponía, como en el desarrollo de los proyectos y en su forma de organizar el estudio. La relación con sus socios y con la gente que colaboraba con ellos, trascendía con mucho el mero intercambio técnico en el trabajo y desarrollaba una relación en la que se manifestaban, como en las concepción de las obras, un diálogo a lo largo de toda la gama de problemas implícitos en el contexto y en la propia propuesta.

LOS DETALLES

Volviendo al planteo inicial, creo que esa temprana experiencia de vida en común tanto en el campo, en Ribadeo, como en Tucumán, en el obrador de Ciudad Hospital, que implicaron una experiencia de vida y de trabajo colectivo, en la convivencia permanente con quienes trabajaban el campo en la primera y quienes trabajaban en las obras en la segunda, fueron elementos fundamentales como base para sus proyectos, logrando una coherencia entre el todo, condensador de conceptos e ideas globales y las partes, en cuanto las concebía como escenario para las relaciones humanas.

También fue una experiencia de vida colectiva su paso durante la formación secundaria por el Liceo Militar. Fue un escenario más donde se potenció en él una doble vertiente: Por una parte, su formación por las mañanas con buenos profesores civiles, ámbito en el que tuvo la posibilidad de desarrollar su rebeldía a través de la redacción del periódico escolar, que casi le cuesta la permanencia en el Liceo; por otra, la disciplina y el orden que vivía por las tardes con los militares que dirigían su formación y le desarrollaron también su natural don de mando que se manifestó posteriormente en su capacidad de organizar equipos tan numerosos como los de su taller en la Facultad de Buenos Aires, con cinco adjuntos y unos treinta y tantos profesores, experiencia efímera por la irrupción del golpe militar en 1966.

Otro elemento importante de esos años fue su formación en el taller de carpintería del Liceo. Siempre dio mucha importancia a las enseñanzas que allí les impartían. Debía realizar procesos completos, desde dibujar las piezas hasta su perfecta terminación. Esos fueron elementos determinantes en su forma de pensar e integrar la idea de la materia y la técnica constructiva en el momento mismo de concebir los espacios y su forma de dibujarlos a escalas que se acercaban lo más posible al 1:1, la escala en que los pensaba.

                                            25 de Septiembre, 2012